De acuerdo a los principios éticos vigentes en prácticamente todas las regulaciones nacionales e internacionales, la decisión para incluirse o incluir a un niño en una investigación debe ser voluntaria; y basarse en una presentación imparcial por parte de los investigadores de toda la información necesaria para evaluar razonablemente los riesgos, beneficios y procedimientos. Esto significa, que independientemente de la similitud de las palabras que utilicen los investigadores con diferentes grupos de personas, su contenido semántico también debe ser semejante.
Sin embargo, el contenido semántico de los textos utilizados en los
consentimientos y el de los discursos orales, no siempre son similares. Recientemente, los Profesores Cico (University of Washington), Vogeley y Doyle (ambos de la University of Pittsburgh), realizaron un
estudio piloto en el que distribuyeron cuestionarios a los padres de niños atendidos en los servicios de urgencia de hospitales pediátricos de Seattle y Pittsburgh (USA). Los cuestionarios incluyeron información acerca de factores sociodemográficos, la participación en investigaciones previas y la voluntad de inscribir a los hijos en un “proyecto de investigación”, en un “estudio de investigación”, en un “experimento de investigación”, en “experimentos médicos” y en un “estudio médico” –todas palabras utilizadas regularmente en consentimientos considerados y consideradas semánticamente equivalentes.
Los resultados del análisis de las encuestas, mostraron que aproximadamente el 63% de los encuestados calificó los descriptores como reflejando diferencias en los niveles de riesgo, de seguridad, y de la inclusión de tratamientos, procedimientos y medicaciones no probados. En consecuencia, los padres consultados no estaban dispuestos a permitir que sus niños participen en protocolos definidos por la percepción de descripciones negativas.
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